Ciudad de Panamá (DPA). Representantes de gremios empresariales y asociaciones de consumidores de Panamá exigieron hoy una moratoria en los cultivos biotecnológicos y reclamaron el etiquetado de alimentos modificados con alta genética. Las demandas fueron sustentadas este martes por Úrsula Kiener Ford, vicepresidenta de la Comisión de Asuntos Agropecuarios de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas (APEDE), durante el diálogo con una televisora local. Kiener Ford indicó que la APEDE busca difundir, en representación de la sociedad civil, el tema de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) que generan preocupación por sus efectos en la salud en Panamá, que importa el 50% de la comida que consume. Recordó que unas 2.500 bolsas de semillas de maíz transgénico serán sembradas este mes con patrocinio de un grupo privado en dos provincias panameñas, para producir alimento de pollos y cerdos de cría, sin que la población lo sepa. TUMORES E INFERTILIDAD Kiener Ford adujo que hay evidencia de análisis realizados en laboratorios en Francia de que el consumo de alimentos transgénicos causa tumores en ratones y aumenta su infertilidad. Un estudio financiado por la fundación CERES, en Francia, reveló que roedores que ingirieron toda su vida maíz transgénico Monsanto o expuestos a fertilizantes de esa marca tenían una mortalidad entre dos y tres veces más importante y desarrollaban más tumores. Al respecto, Kiener Ford subrayó que pese a haber firmado en el 2000 el Protocolo de Cartagena sobre bioseguridad y el etiquetado en alimentos, Panamá no ha honrado el compromiso. Añadió que la diferencia la hacen 64 países que cumplen el texto. Kiener Ford también advirtió que uno de los riesgos es que si el polen del maíz transgénico protegido comercialmente contamina a la finca de al lado, el agricultor afectado que venda su grano tiene que pagar una multa de 1.000 dólares. “En Panamá no estamos apostando ni por la seguridad ni por la soberanía alimentaria”, puntualizó. El presidente de la Unión Nacional de Consumidores y Usuarios de la República de Panamá, Pedro Acosta, señaló que la falta de la ley de etiquetado deja al país en la orfandad, mientras que la polinización con los OMG amenaza a las fincas de producción orgánica
martes, 26 de noviembre de 2013
lunes, 11 de noviembre de 2013
Mulino reconoce aumento del crimen
11/11/2013 - El ministro de Seguridad Pública, José Raúl Mulino, aceptó que los crímenes violentos que se registran en la ciudad capital son ordenados por pandilleros desde las cárceles donde se encuentran confinados.
Mulino hizo estas declaraciones ayer en La Villa de Los Santos, donde además tildó de “cuarteles del crimen” las cárceles panameñas y agregó que los pandilleros las utilizan para planear sus crímenes.
El titular de Seguridad también informó que los homicidios registrados producto del crimen organizado aumentaron en un 10% desde hace cuatro meses, pero aseguró que están siendo controlados.
Explicó que por medio del bloqueo de las señales de teléfonos celulares dentro las prisiones, en especial el centro penitenciario La Joyita, se ha logrado minimizar estas acciones delictivas
Mulino dijo que el aumento de los homicidios es producto de los enfrentamientos entre pandilleros
martes, 24 de septiembre de 2013
La explotación petrolera amenaza al segundo pulmón de América.
El Gobierno panameño sacará petróleo en el Tapón de Darién, fronterizo con Colombia. Los críticos alertan del riesgo medioambiental.
Un estudio indica que el Gobierno llegará a ingresar unos 20.000 millones de dólares
El Tapón de Darién, una muralla natural de casi 21.000 kilómetros cuadrados de tupida vegetación, jungla, pantanos, montañas y múltiples accidentes geográficos que comparten Colombia y Panamá y que impide que el sur y el norte de América se unan por la Carretera Interamericana, está ahora en la mira de empresas petroleras tras convertirse en base de narcotraficantes, 500 años después de ser descubierto y recorrido por el conquistador español Vasco Núñez de Balboa.
En la culminación de una secuencia de hechos que se remonta a 2010, la Asamblea Nacional de Panamá reformó el 27 de agosto una ley de 1987 para otorgar incentivos fiscales al sector privado para explorar y explotar petróleo en todo el territorio. En mayo de 2010, el presidente panameño, Ricardo Martinelli, afirmó que “en Panamá hay petróleo en el área de Darién. Estamos haciendo los estudios y hemos confirmado que las mismas vetas de Colombia llegan a Panamá”.
El 23 de agosto de 2011, la Secretaría de Energía de Panamá reveló que de acuerdo con un estudio contratado en 2010 a la compañía estadounidense OTS Latin America LLC, valorado en 400.000 dólares y financiado por la multinacional paraestatal Corporación Andina de Fomento (CAF), en Darién hay reservas por 900 millones de barriles de petróleo. El Estado panameño recibiría más de 20.000 de dólares millones en ganancias por los 90.000 millones que generaría la inversión de las petroleras, según los cálculos del informe. Petroleras de Estados Unidos, Colombia, Brasil, México y Europa han mostrado interés en participar en las posibles licitaciones.
El diputado Raúl Hernández, del gobernante Partido Cambio Democrático, ha afirmado que la nueva ley “prepara mejores condiciones” para que Panamá fomente y regule la exploración y explotación de yacimientos de petróleo. La meta, según el legislador, es que las empresas contratistas “paguen canon de arrendamientos en tierra firma como en aguas interiores y en el mar un cano superficial”.
Los efectos ambientales son la cara B de la cuestión. “El riesgo de someter al Darién a la exploración y explotación de petróleo es muy grave”, advirtió la ambientalista panameña Raisa Banfield, directora ejecutiva de la Fundación Panamá Sostenible, organización no estatal de ese país. “Los bosques del Darién representan un pulmón importante: son el segundo pulmón más importantes del continente después del Amazonas y junto con el de la Biosfera Maya, en El Petén en Guatemala”, explicó Banfield a este diario.
“Justo en las costas donde se pretende explorar también hay una riqueza de biodiversidad enorme. De ahí depende la pesca en el Pacífico panameño. Es decir, los valores ecológicos en riesgo son muchísimos, sin mencionar a todo el desplazamiento a que serían sometidas las comunidades mayoritariamente humildes, campesinas e indígenas, por la exploración petrolera”, añadió.
Un alegato es que Panamá debe reducir su dependencia de petróleo importado, recordó. El monto de la factura de petróleo de Panamá pasó de 447 millones en 2000 a 2.250 millones en 2012, según cifras oficiales.
Es contradictorio, insistió, que el gobierno impulse la producción y consumo de etanol para mejorar la calidad ambiental, pero con el plan del petrolero “somete al país a la vulnerabilidad de sus ecosistemas. Es mero interés comercial y no obedece a un desarrollo sostenible. Es más el daño que tendremos versus el beneficio”. Este diario solicitó, sin éxito, una opinión de la Secretaría sobre los reiterados cuestionamientos ambientales.
Sin embargo, la panameña Renza Samudio, siendo directora de Hidrocarburos de la Secretaría, alegó el 13 de septiembre de 2011, citada por el diario La Prensa, de la capital panameña, que la explotación se realizaría “fuera de las zonas naturales protegidas” del Darién e identificó dos cuencas del Tapón en el Pacífico como objetivos del plan petrolero: Garachiné-Sambú y Bayano-Chucunaque-Atrato.
El área protegida del Darién es de 5.790 kilómetros cuadrados en el lado panameño. La cuenca de Garachiné-Sambú es de 7.410 kilómetros cuadrados y la de Bayano-Chucunaque-Atrato tiene 7.630 kilómetros cuadrados, según datos oficiales.
“Debió de existir una consulta pública, porque se afectarán derechos de terceros”, adujo el abogado panameño Harley Mitchell, exdirector legal de la Autoridad del Ambiente de Panamá. “Las exploraciones petrolíferas vienen acompañadas de la necesidad de expropiaciones, de remover recursos naturales en el área superficial de los yacimientos, del uso de agua en proporciones que las poblaciones no están acostumbradas y otros asuntos que afectan la vida de la gente que está cerca de estos yacimientos”, dijo Mitchell a EL PAÍS.
Colindante con los océanos Atlántico y Pacífico, el Tapón se extiende del norte de los departamentos colombianos del Chocó y Antioquia a la oriental provincia panameña del Darién y a comarcas indígenas y comunidades. La zona fue recorrida por Núñez de Balboa en la expedición que el 25 de septiembre de 1513 le permitió ser el primer europeo en avistar el Mar del Sur, hoy Océano Pacífico, en uno de los principales descubrimientos de la conquista española en el Nuevo Mundo.
Una grave amenaza que en los últimos años golpeó a la remota selva es que ha sido santuario de las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y punto de acopio y pasadizo de droga transportada por mar y tierra de Colombia en ruta a México y Estados Unidos, vía Centroamérica. La primera plantación de hoja de coca en suelo centroamericano fue hallada en un operativo de soldados colombianos y policías panameños en junio anterior en el Darién, junto a un laboratorio artesanal para producir cocaína.